Gotas de vida
A los once años comenzó a beber, y desde entonces el alcohol ha sido su más fiel compañero. En ese estado de semi-inconsciencia: creció, se casó, tuvo cuatro hijos, viajó, trabajó, su mujer le abandonó, se quedó solo, paseó, comió, ..., pasó los días. Y ahora por fin, es libre, hace unos años logró romper con la esclavitud del alcohol. Hoy es libre, y su sueño crear escuelas en zonas desfavorecidas de Sudamérica.
Sueños... deseos... y recuerdos...
Antonio recuerda como si fuera ayer misma, el día que su abuelo `Pepe, el cojo´ y, el un chaval de seis o siete años, intentaron empujar un carretón lleno de hierba para alimentar a los conejos. Uno por cojo y otro por joven no hubieran podido con el, sino fuera por `el invento de la soga´ de su abuelo. Un hombre que marcaría la vida de este joven de 67 años.
Mi vida en los días
Una breve pero gráfica pincelada sobre as condiciones de vida que sufrió Carlos Gutiérrez y sus compañeros en Sidi-Ifni, mientras hacía la mili. Simplemente, terribles.
Yo no quiero vivir así
Poco tienen que ver las condiciones de vida de la post-guerra española, que nos cuenta José, con las actuales. Una historia llena de detalles dolorosos para el que las vivió, y para el que las lee. Un testimonio sin duda, que hoy nos parecería más la crónica de un país tercemundista, que de aquella España de mediados del siglo XX.
La vida de don Gregorio
Medalla al Mérito Aeronáutico, con distintivo blanco, don Gregorio puede presumir además de haber tenido una brillante carrera militar, de ser querido y respetado por todos. Una historia repleta de interesantes anécdotas sobre su vida en la universidad o en la milicia universitaria.
Una vida de dedicación
Hace 50 años, Francisco tuvo un sueño: quería ser maestro, pero la vida le obligó a ser panadero. Hoy Francisco, tenía un sueño: dar a sus hijos los estudios universitarios que el nunca pudo tener, pero uno se negó y ahora ocupa su lugar en la panadería. Aún así, Francisco sigue soñando.
El pregonero
Unas anchoas y un Osborne en el bar Casiano con los amigos; el arroz con mariscos y verduras de su madre; su desayuno con una tapa de tortilla de patatas ...; sí no hay duda, se ve que este Mariano a fuerza de vivir, ha aprendido a disfrutar de lo bueno.
Un amor con banda sonora
Julia es una vasca amante de la música. Con 18 años empezó a dar clases de piano, vocación que abandonó al casarse y trasladarse a Murcia, lugar de nacimiento de su marido. Años más tarde, Julia se reencontró con su vocación en el hall de un hotel. A la vuelta de aquel viaje, Pepe, su marido, le regaló un piano en el que pudiera sentarse a tocar de nuevo, todos los días.