Historias de superación
Con 12 años José trabajaba en el campo, con 24 emigró a Argentina, con 46 vendió todo lo que había adquirido allí y volvió a España donde compró las tierras que trabajara de niño. Después su salud empeoró y tuvo que superar un cáncer de próstata y la extracción de un riñón, sometiéndose desde entonces a diálisis. Y todo lo hizo sólo. Quizás sea esto lo que más le pesa "la soledad acaba aburriendo", dice en torno de sorna.
El color de la esperanza
Tras una traumática separación matrimonial, Antonio perdió el contacto con toda su familia, hace más de 34 años que no ve a sus hermanos, aunque en los últimos tiempos ha recuperado a una hija. Una época difícil que superó con fe, no en vano en su juventud ingresó en el seminario que abandonaría cinco años más tarde para ingresar en el Ejército. Una vida intensa, que ahora afronta con optimismo pese a sus problemas de salud.
El Hombre tranquilo
Esta la historia de un hombre sencillo, que disfruta de los pequeñas cosas que la vida te ofrece a diario. Gran amante de la literatura, sin embargo su vida estuvo más ligada a los números que a las letras. Pero no se engañen tras esta apariencia tranquila, se esconde un luchador nato que no dudará en escribir al Rey de España para denunciar una injusticia.
La historia de Antonio
Con 14 años Antonio ya andaba dando tumbos por ahí: de Sevilla, Jaén, Málaga y toda la serranía andaluza, de trinchera en trinchera, pasando mucho frío y Hambre, mucha hambre, ¡un año entero comiendo sólo lentejas! Un retrato de omo vivió desde las trincheras la Guerra Civil un chaval de 14 años.
La hermana del cura
En aquel entonces, era habitual que cuando alguien se hacía cura, un miembro de su familia cuidara de él. Esta es la vida que eligió Amparo, asistir a su hermano Juan en todo lo que necesitara. Una vida feliz y plena, llena de recuerdos y de cariño al trabajo que durante muchos años hizo su hermano: asistiendo a enfermos, o luchando contra algún alcalde para que la ermita de San Roque de Yecla, siguiera siendo eso, una ermita.
Lo extraordinario, de lo ordinario
La historia de María, es la historia de lo cotidiano: de su casa de adobe y barro rodeada de una preciosa huerta, de los guisos de su madre; arroz con habichuelas, potage, migas, sémola y del borrego engordado para comerlo en Pascua. Son recuerdos de una muchacha con traje azul marino montada en un coche de caballos con galera el día de su boda. Es el olor, el sabor, el color ..., de su vida.
Al paraíso en bicicleta
Ángel esperaba ilusionado al pie de la tapia de su casa. Eran las 12 de la noche, de una Nochebuena. Pero ella no apareció, y desde entonces Ángel renunció al amor "si no me caso contigo, ya no me caso". Volvió a su casa sólo, andando, empujando su Orbea negra con la que tropezaba continuamente, destrozándose las espinillas.
Una calle con nombre de mujer
Ella siempre quiso ser médico, pero la vida la tenía destinada otra ocupación: maestra. María fue la maestra de Beniaján durante más de 40 años; primero dando clases particulares en su casa, y después transformando esta, en la escuela Ntra. Sra. del Carmen. Hoy si van a Beniaján podrán pasear por la calle que lleva su nombre, y podrán contar a sus acompañantes la historia de la mujer que da nombre a la calle.
Sintiendo cada paso del camino
El 31 de mayo de 1950 y tras celebrar su boda, María llegó a su nueva casa en Calasparra. Diez días más tarde alguien aporreó su puerta para decirla que su marido había muerto mientras transportaba en un camión, vigas para hacer la vía del tren. Ahora, casi 60 años más tarde María mira la foto de su boda, recuerda los olores de aquella habitación recién estrenada, y la vida que se vio obligada a vivir. Una vida feliz, a pesar de todo.
El viaje de la vida
Con siete años, ya era el cabeza de familia. Con diez además de cultivas la huerta, cuidar los cerdos y criar seda con su madre, iba por las noches a un almacén de especias que más tarde vendería por los pueblos con su bicicleta. Así empezó, su carrera de agente comercial. Una profesión que le ha proporcionadomuchas anécdotas encima de su moto, como aquella vez que casi fue devorado por los lobos, o corneado por un toro, o como vio en Salamanca, tras "ser arrollado por una multitud", su primer semáforo.