Todo lo que pasa, sucede por algo
La vida ha demostrado a esta argentina, que siempre hay que buscar lo positivo dentro de las malas experiencias. En muchas ocasiones, gracias a situaciones comprometidas, que solo se quieren borrar de la memoria, es posible vivir uno de los momentos más gratificantes de la vida. Después de saborear uno de los peores tragos de su vida, Norma Ethell pudo conocer a su nieta en Italia.
Navegando sobre un mar impresionista
Y ese día del año 1987 sería el último en el que trabajaría. Era el último viaje…quizás. Era prescindible. Y entonces, era feliz. Solo pensaba en todo lo que haría al llegar a casa. Anclaron en el puerto. Desembarcaron la mercancía y volvieron a Tenerife. Allí le esperaban su esposa y sus hijos, no muy felices. Él les abrazo, y les dio besos, con la seguridad de que su mujer le había guardado su pequeña fortuna, pero su sorpresa fue que se hallaba nuevamente en números rojos. La decepción fue tal, que acabó sólo y en la calle.
Fuerza y espíritu ÍRITU
Montserrat nace en Igualada el 17 de agosto de 1923. Era una niña de tan solo 13 añitos, hija única de un matrimonio catalán, cuando el mundo se volvió loco y la guerra encerró a su familia en la Barcelona republicana. Vivían los tres en un piso en la calle Valencia nº 88 esquina con calle Montaner. El padre de Montse fue un pedagogo musical innovador que nunca abandonó la docencia, llegando a la vejez habiendo educado musicalmente a tres generaciones enteras.
Más allá de los lazos de sangre
Su madre murió cuando apenas era una niña. Sin ella Mª Carmen esperó un abrazo que nunca llegó, y sus vivencias quedaron sin confesora, su vida quedó vacía. Buscó el cariño de su abuela, la idealizó, pero no supo ofrecerle lo que Mª Carmen buscaba. Con el tiempo encontró el cariño, la comunicación y la complicidad en su vecina Dolores y en sus hijas. La abuelita Lola, como ella la llamaba estuvo con ella, siempre, escuchándola, apoyándola, dándola ese cariño que anhelaba siempre.
Recuerdos en salazón
Aquella exposición en el museo titulada Los guanches y el mar. La pesca en el mundo antiguo, devolvió a Loli a su niñez. Allí estaba ella de niña con su tía Nena en la factoría de Valleseco, donde ésta era encargada, y veía cómo se salaba el pescado de la misma manera que se hacía el garum 2.000 años antes. Ahora en el museo donde presta servicio de voluntaria, veía aquellas ánforas que sirvieron garum en las principales mesas del Imperio Romano, y que sin embargo le resultaban tan familiares.
La crisis, por Elia
Hablar de crisis con Elia es oírla resoplar constantemente. “Esto no es crisis p’a mí. Vete a un supermercado y verás a la gente con las cestas llenas; ¡pero no con comida! Sino con refrescos y chucherías”. Elia no necesita mucho. Duerme en el mismo juego de cuarto, que cuando se casó y los muebles del salón siguen siendo los que compró en La Mundial cuando se mudó a Santa María del Mar, hace 43 años. “Los niños de hoy no valoran nada”, asegura con resignación. “Si hubieran vivido lo que yo…”.
Gloria
Aunque su nombre sea el de Josefa, siempre ha respondido al de Gloria, “la gente me conoce por ese nombre, ya que en mi familia hubo muchas Josefas y había que diferenciarnos”. Si en algo incide a lo largo de toda la entrevista es en la necesidad de tener una buena educación: “lo más importante en esta vida es la educación. Que la juventud de ahora y teniendo la suerte que tienen de vivir en estos tiempos donde se les brinda oportunidad, ayudas, apoyos…No desperdicien todo eso. Que no sean ignorantes como lo fui y soy, dejándose pisotear y mangonear por aquellos que saben más que uno”.
Nada a medias
Contemplarlo a su edad es presenciar una obra bien acabada, como las que él mismo creó con sus manos, porque para Manolo en la vida nada es a medias, hay que luchar por lo que uno quiera hasta conseguirlo. Puede ser ése el secreto de la vida, aquella que disfrutas durante y tras cada logro, como una pieza de un puzzle o el engranaje de un reloj que algún día parará satisfecho de su largo recorrido.
La otra emigración
Francisco Amaro es uno de esos canarios que un día decidieron probar fortuna al otro lado del Atlántico. Hoy, de vuelta a los orígenes, este hijo de herreños recuerda con algo de nostalgia una vida en la “octava isla” marcada por mucho trabajo sin excesiva recompensa, años en los que las artes marciales y la literatura también tenían su espacio.
Una monja enamorada de Jesús y libre
Con 21 años y ya casi con el título de Románicas lo dejó todo para entrar en el convento. Dejó a su novio desde los 15 años, “yo sabía que destrozaba una vida”, dejó las verbenas, dejó el teatro, dejó a su familia, muchas cosas por detrás que le gustaban. En el 54 viajó a Gran Canaria donde se hizo monja y acabó la carrera. Más tarde volvió a Tenerife y fue directora de colegio en La Laguna. Su máxima era conseguir que sus alumnas se encontraran felices en el colegio. Hoy está jubilada, y se esfuerza por conseguir cambiar el mundo desde abajo, “yo puedo arreglarlo al nivel donde yo vivo”.