Mª Hermelinda: La vida de una maestra
En los años 60 ejercer de maestra en la España rural suponía convivir con muchas incomodidades. Hacía falta tener la vocación de servicio con la que María Hermelinda siempre ha ejercido su profesión. La misma que han disfrutado sus alumnos del Barrio del Palmete en Sevilla hasta su jubilación. Hija única, María Hermelinda no se casó, no tiene hijos, ni sobrinos, pero tanto ha dado a sus alumnos que no le falta quien le llame “abuela” o “tía” y quien la quiera casi como a una madre.
Cenicienta de 15 años
Adoración encontró en la lectura la ilusión y la alegría necesaria para contrarrestar la dura vida de adolescente que le tocó llevar, convertida en una ‘Cenicienta’ al servicio de su familia. Leía de todo, hasta los folletos de los periódicos. Tenía aptitudes para estudiar pero eso entonces era coto reservado para los hombres, ella debía ocuparse de las labores de casa. Hoy a sus 83 años recuerda su niñez, cómo no, rodeada de una montaña de libros que le acompañan en su día a día para no dejar de soñar.
Nuevo Mundo
Las nuevas tecnologías no tienen que ser una barrera infranqueable para los mayores. María del Carmen lo sabe bien. Ha descubierto en ellas un ‘nuevo mundo’ que le permite comunicarse con su entorno y sentirse actualizada. Se ha atrevido con el móvil, la ofimática e Internet. Ayudada por sus monitores, su objetivo es ser independiente. Ya manda SMSs, tiene correo electrónico, escribe a sus amigos, comparte fotos y viaja a través de la Red a donde quiere.
Una vida en el mar
Juan es un aventurero de la vida. A los 14 años se embarcó por primera vez para ayudar a su familia y en la mar se hizo un hombre. Ya casado probó también como mecánico, camarero o soldador. Pero el mar le reclamó una y otra vez. En él vivió su mayor aventura, cuando pescaron un tiburón de ¡700 kg!, pero también muchos peligros, como cuando fueron tirotearos por faenar ilegalmente. Un bar y una temporada en Alemania, son otros de los capítulos que conforman una vida plena y feliz.
El Rocío con Pepe Aguilar
A Pepe, un sevillano hecho a sí mismo, el Rocío le hechiza. En esa peregrinación ocurren cosas fuera de lo normal. “Bebe, come y disfruta todo el mundo, ahí no hay esto es mío ni esto es tuyo”. La juerga más animada da paso a un silencio total para ir a misa. Se respira un aire de camaradería irrepetible y se ponen en práctica extraños métodos, como el de tirar huevos al suelo en vez de pan para marcar el camino y no perderse. ¡¡Son cosas del Rocío y nadie mejor que Pepe para contarlas!!
Las cosas del querer
“Mi mujer y yo nunca estamos de acuerdo en nada y discutimos por todo”, confiesa Fernando Dick, “Pues así nos hemos llevado toda la vida, ¡casi 53 años de casados!”. La complicidad con su mujer es total; a la mínima de cambio, se enredan en un diálogo en espiral en el que los dos se van quitando la palabra, se puntualizan y se corrigen, se entienden y se regañan, bromean y se cogen de la mano. Los recuerdos, vivencias y alegrías de Fernando, como los ríos, desembocan todos en Ana Ramos.
Paseando el amor
La biografía de Margot Cavestany Antuñano es una suma infinita de historias de amor. Amor por su padre, por el que sentía devoción. Amor por la poesía, que heredó de su abuelo, Juan Antonio Cavestany, el escritor sevillano que ocupó el sillón de la ‘F’ en la Real Academia Española de la Lengua. Amor por la paz. Amor por los hombres que le han hecho feliz. Y Amor, sobre todo, por los suyos, sus cinco hijos, cinco nietos, 11 biznietos.
Y se hizo el milagro
La fe que mueve a Francisco le ha hecho vivir en su vida experiencias inolvidables. A sus 88 años ha sido testigo de varios ‘milagros’. El primero entrar en la Residencia de los Sagrados Corazones de Sevilla. El segundo poder asistir a la beatificación de la Madre Carmen del Niño Jesús en Antequera. Y el tercero volver a esta localidad malagueña para visitar los lugares donde vivieron Santa Teresa de Jesús y su venerada Madre Carmen.
Cuando los ángeles se disfrazan de humanos
Ésta es la historia de cómo un ángel con nombre y aspecto de humano, decidió disfrazarse para obsequiarnos con su bondad. Es Antonio, un sevillano que pasó su infancia en el barrio de Santa Cruz, un lugar de estrechas y sinuosas calles entrelazadas, paredes blancas como la nieve y tascas que a las esposas daban más de un disgusto. “Nuestra prioridad era comer y mis travesuras se basaban en un juego llamado ‘la búsqueda del alimento escondido’ que inventé junto a mis amigos”.
Lucha interminable
Hay personas a quienes la vida, por mucho que se esfuerce, jamás podrá conseguir que dejen de luchar. Joaquín es uno de ellos. Recuerda cuando de pequeño pasaba toda la mañana con un trozo de pan y corría detrás del lechero en busca de algo de leche, cuando su hermana murió, cuando emigró con sus padres a Francia y aguantó las burlas de los niños en el colegio, cuando le diagnosticaron una enfermedad degenerativa en los huesos… Da igual, nada de esto ha podido con sus ganas de vivir y luchar, sobre todo, de luchar.