Aquel largo domingo del 39
En cuanto oyó a su tio Ubaldo en la cocina, Pepita saltó de la cama y corrió a ponerse aquel vestido que su madre la había hecho. Era domingo y había toros. Después a casa de su abuela, rica y tacaña, y a la que como cada domingo la sisó dinero para dárselo a su madre sin que se enterara. Después a dormir, pero esa noche su sueño se vio interrumpido con la llegada de los alemanes. Corriendo se escondieron en las cuevas que había detrás de su casa con el miedo a que se repitiera un nuevo Guernika. Fue un largo domingo del 39.
Memoria selectiva, desmemoria colectiva
Ahí está Teo sosteniendo una lucha constante por no olvidar lo poco que recuerda. Aquellos momentos felices, que la vida la ha concedido. Su vida en Barcelona, su amistad con Conchita, su matrimonio con Julio, pero ¿son estos lugares en realidad? ¿son estos los nombres de las personas que ha querido?
Una sabia lección de la vida
Todo iba bien, tuvo una infancia y juventud felices, se casó y tuvo dos hijos. Pero un día él, se presenta en casa y la dice que tiene que hablar. Ella piensa, que se ha olvidado ya de la otra y que la va a pedir perdón. Pero no, el dice que pueden formar una gran familia: el, ella, sus hijos y su amante. Isabel comienza entonces una dura lucha, llega hasta el Defensor del Pueblo, ya que su ex marido ha falsificado su firma y quiere quedarse con todo.
Cosiendo las memorias de Juan: cantor, poeta, y sastre. Un artista de la vida
Cuando la vio entrar no lo dudó ni un instante y se arrancó a cantar La violetera, la famosa canción interpretada por Sara Montiel. Desde aquel mismo instante Juan y Mercedes cosieron sus vidas para siempre. El era sastre y ella modista, y así entre puntada y puntada fueron viviendo su amor eterno.
Un desalmado en el camino
Antonio, era el hermano mayor de Hortensia y tuvo la desgracia de encontrarse en su camino con Juan L., una de esas personas malas, malas, de las que afortunadamente existen pocas. Ladrón, pendenciero, maltratador, asesino, todas esas `virtudes´ le adornaban. Apuñaló a uno de sus hermanos, cuando contaba 16 años; fue responsable de la muerte de otros dos de 18 y 19 años; y del disparo que sufrió su padre Francisco. Y todo por un burro.