Tina, un corazón atlético
Sus primeros 46 años transcurrieron en Madrid, allí estudió, empezó su carrera profesional, se casó, tuvo a sus hijos, y se hizo del Atleti. Después toda la familia se trasladó a Cáceres, donde Agustina, tuvo que empezar de cero ella sola, al fallecer su marido. En ese momento con 54 años, vuelve a opositar, aprueba y empieza su carrera como funcionaria en la universidad de Extremadura. Hoy espera vivir hasta los cien años por lo menos, para poder ver cumplir los 65 años a su hijo menor, con un 80% de discapacidad.
El primer baile
Aún le quedaba un año para poder acudir al baile, pero Esperanza adelantó el calendario y se preparó para su primera fiesta. Aquella tarde escogió sus mejores galas. El mandil rojo con bolsilleros bordados de filigrana negra y el mantón de seda, el prieto corpiño que elevaba su cuerpo y una faltriquera, florida y dorada, donde guardaba una perra gorda. Unos inmensos pendientes bañados en plata, un moño perfecto, simétrico, recogido con una horquilla que había pasado por varias generaciones y un lunar atrayente genero los comentarios más picantes entre los adolescentes descarados. Corría el año 1931 y fue su primer baile.
Una sonrisa frente a la adversidad
Antonia, o Lucía como la conoce todo el mundo desde pequeña, nació en 1921 en Zahínos (Badajoz). Su madre era ciega y ella, según recuerda, se convirtió casi en sus piernas y en sus ojos, su padre trabajaba en una cantera por un sueldo que escasamente llegaba para alimentarlos a todos. La Guerra Civil marcó la vida de Lucía, tenía 15 años cuando estalló. Este conflicto fratricida le arrebató su inocencia y aprendió en poco tiempo que la vida no es justa con nadie pero, sobre todo, con quienes la merecen.
El tren de la vida
Alejandro nació hace 90 años en Hinojal (Cáceres). A los seis años se quedó huérfano de padre, y su madre se vio obligada a ingresarle en un internado. Allí estuvo hasta que cumplió los 13 años. Después su hogar fue la calle. Allí dormía, y buscaba alimento con la ayuda de otros chavales en su misma situación. Buscaban fruta en los huertos cercanos, o miraban los restos de basura, en los que pocas veces encontraban si quiera la peladura de una patata. Aquello le marcó para siempre.
Cuando te encontré
Con 20 años, Ana descubre que es adoptada. Y que además tiene una hermana, dos años menor que ello que también es adoptada. Al poco tiempo ambas se encuentran. Una breve visita a casa de Ana, y después alguna carta, algún recado, …y 40 años más tarde el segundo encuentro. Ana encontró a su hermana natural, pero nunca logró que formara parte de su familia, por eso no deja de preguntarse, si es verdad que la sangre une.
Pequeño gesto, gran hazaña
Teresa tiene 86 años, y está aprendiendo a leer y escribir. Si la preguntamos seguro que nos dirá que a continuación quiere estudiar una carrera, o aprender a manejar Internet, o subir al pico más alto. Es emocionante ver las ganas de aprender de Teresa, de conseguir hacer aquello que no ha podido a lo largo de su vida, de seguir avanzando sin ponerse límites. Si hay alguna frase que resuma el espíritu de Teresa a lo largo de su vida, es esta: Teresa tiene 86 años, y está aprendiendo a leer y escribir.
Solo un niño
Emeterio sólo tiene seis años y ya sabe lo que es la soledad. La soledad de la sierra y el miedo. Miedo a las sombras, a los hombres que se mueven por la montaña sin nada que perder, al lobo que le arrebata las cabras, a la soledad de la sierra. Pero miedo también a su padre; por eso obedece y calla. Siempre solo. Siempre con miedo. Pasado el tiempo Emeterio ha difuminado los malos recuerdos y ahora siente un gran amor por “su sierra”.
La vida de una superviviente
Antonia, se ha pasado la vida sobreviviendo, y viviendo la desaparecieron de los suyos. Primero su padre, después su abuela, más tarde y recién comenzada la guerra civil su madre tras un parto de un niño que también murió. Más tarde su abuelo, y su marido cuando disfrutaban de un viaje tras su jubilación. Pero Antonia, lo cuenta sin dramatismos, sino como algo natural. La vida es así, y hoy es feliz, guardando los buenos momentos en paño de oro.