“Durante la transición ir a la cárcel suponía un mérito para después hacer carrera política”
Luis empezó a trabajar en la Naval de Sestao a los 14 años, donde trabajó como fresador hasta que se prejubiló a los 55 años. Mientras trabajaba hizo maestría industrial, la licenciatura de sociología y hasta cursos de gestión de recursos humanos. Se vinculó de por vida a la fábrica, primero por razones políticas; después por motivos sindicales, combatiendo el cierre de los astilleros. Solo hay un objetivo que de momento no ha alcanzado: dar digna sepultura a los restos de cuatro familiares perdidos en una de las numerosas fosas que sembró la dictadura por toda la geografía española.
91 años de vida
Mª Paz tiene 91 años de vida. Desde que nació sólo se ha dedicado a trabajar debido a la humildad de su familia. Ni siquiera pudo ir a la escuela y menos divertirse como el resto de los niños. Nunca ha podido disfrutar haciendo algo que le gustara a lo largo de su longeva existencia, porque ni siquiera sabe lo que le gusta, nunca ha tenido tiempo para poder descubrirlo.
Un nombre de mujer
José nació en San Roque, Cádiz, y hace más de 50 años que las circunstancias le obligaron a coger un tren para comenzar una nueva vida, en Bilbao. Allí, dejó todo, su familia, los olores de su infancia, los colores del sur, y sobre todo a Josefa, su único amor. Nunca se ha podido sacar la espina de aquel amor imposible, nunca más volvió a enamorarse. Aún la recuerda como si fuera ayer mismo que la rondaba en su casa. Pero aún así José nunca se ha sentido solo, y hoy se siente muy feliz.
“Nunca me han hecho la cama”
Confeccionaron juntos sus respectivos trajes de boda. Exactamente igual que harían con su futuro. Se casaron en la Quinta Parroquia y todo fue de perlas. La única celebración de que gozaron fue un modesto desayuno con la familia, los amigos y los colegas del trabajo. Carmen lleva viuda 32 años, pero no hay día que no recuerde a su marido. Hace dos años decidió ingresar en la residencia La Misericordia de Bilbao, hasta entonces nunca la habían hecho la cama.
Teo
Empezó a trabajar de niñera con tan solo 11 años, cuando la que tenía que ser cuidada era ella. Después fue trabajando en distintas casas y hoteles. Se casó con un hombre celoso que no aceptaba su independencia, pero a pesar de todo, cuidó de él y de su suegra hasta que murieron. Crió a sus hijos y a sus nietos. Ahora vive en La Misericordia, residencia de ancianos en Bilbao, y ha encontrado la felicidad.
Consejos vendo…
Cuando los nacionales entraron en Bilbao, Ignacio y su familia se alejaron para refugiarse en un caserío a las afueras de la ciudad. Eran muchos. Durmió en un colchón en el suelo, rodeado de arañas que le mantuvieron en vela toda la noche. No les pudo quitar ojo. Hace un tiempo paseando por Abandoibarra llegó al Guggenheim. Ralentizó el paso. ¿Qué es eso? ¿Una araña? No podía seguir adelante. Se le agarrotaron los músculos y se le pusieron los pelos como escarpias. Se dio la vuelta. Desde entonces no pasa por ahí.
“No tengo mucho que contar”
María nació en Asturias, de donde era su padre, pero vivió su infancia y adolescencia en León, en una base militar sin niños alrededor. Hija única, recuerda que tal era su ansia por compartir juegos infantiles que un día, cuando regresaba del colegio, se desvió del camino y fue a parar a una chabola de gitanos atraída por la algarabía. Disfrutó mucho, pero su padre se enteró y la castigó. Y así buscando la ocasión de jugar y disfrutar como una niña, María creció y cuando quiso darse cuenta estaba casada con un joven médico asturiano.
Un lugar donde vivir
Encarna ha dedicado 40 años de su vida al cuidado de los hijos de una familia bilbaína. E incluso se convirtió en un miembro más de esta familia que la ayudaron a tener un trabajo y un hogar. Todo lo que había aprendido; de mimar y de cuidar, se lo dedicó a ella, a su madre, a quien tanto quería e incluso admiraba. Hoy, de vez en cuando, se escapa a su casa, un trozo de su Cádiz natal en Bilbao, el único espacio propio que pudo conseguir a lo largo de su vida.